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  Migraña
 
 

INFORMACIÓN SOBRE LA MIGRAÑA.

Usted padece Migraña. Este es el nombre médico de la afección conocida también popularmente como jaqueca. El término migraña procede del griego hemikranios, que significa media cabeza; la palabra jaqueca es una voz castellana que procede del árabe zagiga o saqiqa, que significa algo así como partido por la mitad. Estos términos aluden a la frecuente localización del dolor en un lado de la cabeza.

La migraña es una enfermedad que se caracteriza por la presentación periódica de ataques de dolor de cabeza (cefalea) de localización frecuentemente hemicraneal (en un lado de la cabeza, en la sién, la frente o alrededor de un ojo), que aumenta al mover la cabeza o hacer algún esfuerzo y que se acompaña de otros síntomas que son característicos (aunque no siempre están todos ellos presentes): náuseas, vómitos (a veces diarrea) y sensibilidad aumentada a la luz y a los ruidos (y con frecuencia también a ciertos olores); algunos pacientes (aproximadamente un 20%) sufren también otros síntomas, generalmente unos minutos antes de que aparezca la cefalea, consistentes en alteraciones visuales (percepción de luces, flashes, destellos, deslumbramientos, líneas quebradas, rayos, prismas, etc.), sensación de hormigueo en alguna zona del cuerpo (generalmente en un lado de la cara y una mano de ese mismo lado), dificultades para hablar, debilidad en una o más extremidades u otros síntomas debidos a disfunción cerebral transitoria. Estos síntomas reciben el nombre de aura y suelen durar entre 5 y 30 minutos. Además, muchos pacientes migrañosos tienen, a lo largo de las 24 horas previas al ataque, una serie de síntomas anunciantes que suelen consistir en sensación de cansancio, tristeza, somnolencia, bostezos frecuentes, o viceversa: hiperactividad, insomnio e irritabilidad; a veces se da también falta de apetito o bien lo contrario, una sensación de hambre intensa. 

Existen dos tipos fundamentales de migraña: la Migraña sin Aura y la Migraña con Aura; hay pacientes que tienen los dos tipos, es decir, ataques con y sin aura.

La Migraña es una enfermedad extraordinariamente frecuente: la padece alrededor del 12% de la población española. Es más común en las mujeres: por cada hombre que la tiene hay dos o tres mujeres afectadas. Es muy habitual que sea hereditaria: casi un 70% de los migrañosos tienen el antecedente de que su madre o su padre hayan sufrido jaquecas o que alguno o algunos de los hermanos también las tengan. Suele empezar ya en la infancia o en la adolescencia; es frecuente que a partir de los 50 años tienda a hacerse más leve e incluso llegue a desaparecer, aunque no siempre es así.

No todos los dolores de cabeza son debidos a la migraña. De hecho, a pesar de su frecuencia, la migraña no es la causa más habitual de cefalea. Es más frecuente la llamada cefalea de tensión, consistente en una sensación más o menos duradera de presión o de peso sobre la cabeza o alrededor de ésta (como si se llevara puesto un casco o una banda) que suele ser de intensidad leve y que típicamente no se acompaña de los otros síntomas que suelen aparecer durante las crisis de migraña: náuseas, vómitos, hipersensibilidad a la luz y a los ruidos y agravamiento con los movimientos. Esta cefalea de tensión a menudo la sentimos acompañando a situaciones de estrés o de tensión emocional. Existen además muchos otros tipos de cefaleas que son debidos a diferentes causas, aunque son bastante más raros (sólo un 10% de todas las cefaleas).

¿A qué se debe la Migraña?

Actualmente, la Migraña se considera una enfermedad de probable causa genética en la que el dolor de cabeza es el síntoma primordial, aunque no el único. Pero, ¿por qué se produce?

En nuestro Sistema Nervioso existe una zona de neuronas, localizada en el tronco encefálico (la parte del encéfalo que une el cerebro con la medula espinal), conocida como núcleo trigeminal, a la que llegan las sensaciones procedentes de la cara y de la mitad anterior del cráneo, antes de su envío al cerebro, donde finalmente se hacen conscientes las sensaciones, incluido el dolor. Los estímulos llegan al núcleo a través del nervio trigémino. Próximo a dicho núcleo existen otros que actúan como moduladores, inhibiendo al núcleo trigeminal (más o menos, según las circunstancias) con el fin de que no todos los estímulos que le llegan vayan finalmente a parar al cerebro, actuando así como un freno o filtro de estímulos. 

Debido a la alteración genética antes mencionada, en las personas con migraña ese filtro natural no funciona adecuadamente, con lo que la persona afectada es muy sensible a la acción de estímulos de todo tipo, tanto externos como internos (ver más adelante). La consecuencia es que las neuronas del núcleo trigeminal se activan con mucha facilidad, lo que da lugar a dos fenómenos. Uno de ellos ya se ha comentado: se facilita la transmisión de estímulos dolorosos al cerebro. El otro es la provocación de una respuesta refleja que se conoce como reflejo trigémino-vascular: el núcleo trigeminal genera descargas de naturaleza eléctrica que son transmitidas a las paredes de los vasos sanguíneos de las meninges por el nervio trigémino. Al llegar aquí, las descargas producen una dilatación e inflamación de los vasos, que se hacen más permeables y dejan salir ciertas sustancias químicas que, a su vez, irritan las terminaciones del trigémino en las paredes vasculares, lo que da lugar a un dolor intenso.

¿Qué factores pueden desencadenar un ataque de migraña?

Son múltiples, aunque no todos ellos afectan a todas las personas con migraña. En general, cada migrañoso/a suele tener algunos desencadenantes muy concretos, aunque hay algunos especialmente frecuentes. Entre ellos destacan el estrés, las tensiones emocionales, ejercicio físico excesivo, el cansancio, dormir poco o, por el contrario, dormir más de lo habitual (por ejemplo, descanso después de un período de estrés -migraña del fin de semana-), los cambios hormonales en las mujeres (menstruación, anticonceptivos, el período anterior a la menopausia), el ayuno, algunas bebidas y alimentos, aditivos químicos, medicamentos, factores ambientales (luz intensa, algunos olores, cambios climáticos, altitud elevada), entre otros. También puede ser que los ataques o crisis aparezcan sin un desencadenante aparente.

¿Quién puede tratar la migraña?

Evidentemente, un profesional médico. El más próximo a usted es su médico de Atención Primaria, quien está perfectamente capacitado para entender y tratar su problema. Sólo en algunos casos su médico puede necesitar la opinión de un especialista, en este caso un neurólogo.

A pesar de que la respuesta parece tan obvia, una gran parte de las personas con Migraña no llega a consultar nunca a un médico y recurre a la automedicación. De hecho, el dolor de cabeza es una de las afecciones que con mayor frecuencia da lugar a esta práctica. En muchos casos, esto puede tener consecuencias negativas, ya que el consumo frecuente, dos o más días por semana, de analgésicos de forma indiscriminada, puede favorecer que el dolor se cronifique, se precisen dosis cada vez más altas de medicamentos y el dolor llegue a hacerse diario o casi diario. Otros factores que pueden dar lugar a esta situación son el estrés mantenido, circunstancias vitales traumáticas, los problemas para dormir y las alteraciones del estado de ánimo (depresión, ansiedad). Esta cefalea diaria es un problema de salud cada vez más frecuente y puede llegar a ser incapacitante; no obstante, tiene solución, siempre que se recurra a un tratamiento específico indicado y supervisado por un médico, después de una correcta evaluación del problema.

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